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Las cosas que no valoramos

“No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”.

¿Cuántas veces habremos oído esa frase? Echamos de menos la amistad, cuando no la tenemos. Echamos de menos la paciencia, cuando ya es tarde. Echamos de menos decir un “te quiero”, cuando pasan demasiados días. Echamos de menos todo aquello que tuvimos y ya no tenemos. Es fácil pasar por esta sensación: todos tenemos algo que nos gusta, que nos atrae, que nos hace sentir bien. Podemos perderlo.

No hay que ser muy cenizo para darse cuenta de esto. Una sensación parecida me recorrió el estómago esta mañana cuando, camino del trabajo, me encontré el siguiente cartel colgado de un muro.

Feria de Córdoba

Alguna que otra agencia decidió, a 20 de febrero, anunciar un viaje para Córdoba, sus patios y su feria. Como dije, una sensación como la de arriba descrita me recorrió el estómago. De pronto, aquel papel pareció convertirse en una puerta espacio-temporal, un agujero de gusano, que me teletransportaba a mi tierra natal.

Casi de verdad, podía meter la cabeza dentro de aquel folio y ver las vides, cepas y cepas y más olivos. Podía ver mi pueblo, sobre la campiña. Incluso se me aparecieron las curvas que daban forma a la carretera que me llevaba cada semana a casa de mi novia. Me quedé delante de ese folio, pensando en las bonitas ferias de Córdoba que he pasado, recordando lo bonita que se pone Córdoba en mayo.

De repente me veía ahí, con los de siempre, fueran muchos o pocos, haciendo planes. Me veía entre el buen tiempo, de tapeo por Puente Genil, de paseos nocturnos con la mujer más bonita del mundo, hablando de planes varios, planeando que algún día seríamos marido y mujer.

Seguí contemplando aquel folio que anunciaba un viaje para Córdoba,… pero lamentablemente llegaba tarde al trabajo. Han pasado muchas cosas últimamente, tal vez demasiadas, pero hago este viaje (el de pasado mañana) con la ilusión de un niño pequeño, con la esperanza de un color verde, con la emoción como el primer día. Voy cargado de cariño, y eso solamente una personita tiene la culpa.

Este fin de semana vuelvo a mi tierra, con lo que eso conlleva =)

El mal del cerebro

Acabo de terminar de ver, tal vez en el peor momento de mi vida, “El mal del cerebro”. Desde siempre he dicho que una de las cosas que más miedo me da es la de perder el juicio, volverme loco y no saberlo. Aquí se habla ligeramente, y sobre otras enfermedades que me dejan la piel de gallina.

Mi boda

Acabo de poner en marcha, quizás un poco tarde, el contador que hice para la boda de Jalb&Triny, pero esta vez para mi boda. Y… ¡madre mía! Creo que no era consciente de lo poco que queda. Apenas 83 días de nerviosismo, estrés e histeria, pero todo eso acompañado de la mujer que más quiero en el mundo.

Se hace difícil, muy difícil, luchar contra congregación nueva, amigos nuevos, 510 kilómetros, soledad,… y otros problemas que por circunstancias se añaden a eso. Como digo se hace muy difícil luchar contra eso, pero quedan apenas 83 días para, por fin, liberarme de tantos nervios y tantos problemas.

Como destino de viaje de novios nos espera la Riviera Maya. Para la ocasión me he comprado una cámara acuática, y resistente a golpes, altas-bajas temperaturas, impactatos, arena, caídas de mano de Melania,… que recogerá los momentos inolvidables de nuestras vidas. También me he comprado dos baterías extras, y tres tarjetas de sd de 16GB, para grabar video en HD también (a lo mejor me he pasado comprando, no lo sé  :roll: )

En fin, que como todos ustedes entenderán, ando de tiempo hasta la coronilla, sin poder respirar apenas. Al menos quiero meterme por aquí de cuándo en cuándo para poder escribir algo.

En media hora me voy a jugar al fútbol. De 13:30 a 15:30 fútbol. De 15:30 a 17:00, comida y descanso. De 17:00 a  18:30, frontón. Y a partir de las 18:30… llamen a una ambulancia, que me hará falta =)

¡¡83 días!! ¡Ay Dios mío!

Wow.

Si la simple Luna, un cuerpo celeste inerte y sin vida, o un leve movimiento de placas, puede hacer esto:

…cuánto más pudo haber hecho Jehová con las aguas del mar Rojo. ¡Wow!

Problemas VS Felicidad

Cuando uno es pequeño no piensa en lo que le queda por delante, en las cosas buenas o malas que le quedan por vivir, y lo cierto es que todos pasamos por ahí. Tarde o temprano todos paseamos por la cresta de la ola, o por la base. Cuando se está arriba todo pasa demasiado deprisa; cuando se está abajo, el tiempo se para.

No quiero hacer de esta entrada algo triste, más que nada para que no especuléis sin motivo. Pero voy a concluirla (de hecho, esto es solo el principio) con una canción, cómo no, traducida a mi manera. Si alguien quiere escucharla al mismo tiempo que lee las siguiente palabras puede hacerlo en el abandonado reproductor de vuestra derecha. Sugerencias: auriculares que recubran las orejas al completo y volumen un punto menos del insoportable.

Obviamente, una parte de esta canción refleja mi realidad. La otra lo es.

 

El final – Tiziano Ferro

Pido perdón a quien he traicionado, y que le den a cada enemigo. Que gane yo o pierda… es siempre la misma mierda. Y no importa cuánta gente he visto, cuánta he conocido: esta vida me ha conquistado a mí y yo la he conquistado. “Esta vida”, dijo mi madre, “hijo mío, tiene que ser vivida”. Esta vida no mira a la cara, y en la cara a la mayoría escupe. Yo me limpio; basta con la manga de mi chaqueta. Y cuando alguien te aplasta tienes que ser el primero que ataca. Nunca lo he conseguido… siempre me he cabreado… Y siempre me he cabreado hasta perder el aliento. Llegará el fin… pero no será el final. Y como siempre a esperar y a hacer mil archivos, con tu número en la mano, y sobre ti un primer piso, como una buena película no verá nadie. Yo no sé quién soy y me da miedo descubrirlo. Miro mi rostro en el espejo pero no sabría dibujarlo. Cuando te hablo, hablo siempre de mi misma vida. No puedo volver a hacerlo y contarlo es un gran esfuerzo. Querría que fuese hoy, en un momento, ya mañana, para reiniciar, para cambiar todos mis planes, porque será mejor y yo seré mejor, como una buena película que deja a todos sin palabras. No me parece verdad, y nunca me lo ha parecido, fácil, dulce y amargo como el pasado. Todo esto me ha cambiado y me ha robado quizás los mejores años. De mis paranoyas y de mis errores soy extraño, lo admito, y cuento con más de un defecto, pero alguien de allí arriba me ha mirado y me ha dicho: “Yo te salvo esta vez, como la última vez, como siempre”. Cuántas veces querría hacerlo pero después me quedo quieto. Miro mi vida en fotos y ya ha llegado otro invierno. No cambio nunca en esto, nunca, siempre destruyo todo. Si os desilusionado pedir perdón no servirá de nada. Querría que fuese hoy, en un momento, ya mañana, para reinciar, para cambiar todos los planes.

Demasiado rápido

Este mundo gira demasiado rápido para mí. Se me pasa la vida en un pis-pás y ni disfruto de los detalles. Otras veces gira tan sumamente lento que se hace una eternidad la inagotable espera, de querer volver, por ejemplo. Se acumulan los cambios bruscos de velocidad, los giros, las frenadas y acelerones, como las de aquel novato que alardea de su carnet de conducir pero que muy lejos está de saberlo hacer. Se me pasan las tardes intentando querer hacer más de lo que quisiera; se me pasan los días sin haber cumplido y empiezo a echar cuenta y me doy “cuenta” de que esto no avanza, que se quedan estancadas las manecillas del reloj, ¡perras! más por no querer moverse que por otra cosa.

Miro el calendario y tacho cinco veces la misma “X”, la remarco bien, la perfilo y a veces hasta dibujo un corazón al lado. Miro hacia atrás al menos veo más de una, pero miro hacia adelante y aún no voy por la mitad. Tal vez sí. Tal vez sí haya avanzado mucho. Tal vez quede poco en realidad y todo sea fruto del cansancio, de la ansiedad… Eso es. Ansiedad. Esa es la palabra.

Había una canción homónima, de Lydia, que la define bastante bien. Pero no caigamos en el desánimo, que a estas alturas de la vida no quiero ser presa fácil para los malos sentimientos. Lo cierto y verdad es que en el fondo tengo suerte. Ayer escuche de alguien que “los tiempos de crisis sirven para asentar las cosas, para ponerlo todo en su sitio. Da la oportunidad a quienes no la tienen de resurgir”, y probablemente detrás de toda esta fachada empiece a nacer la primera sonrisa reveladora, como esa que me regalas en la distancia, esa dulce sonrisa que augura cosas muy buenas y bonitas. Empieza a nacer y eso no puede ser malo. Así que aunque a veces todo vaya demasiado rápido y otras demasiado lento, tranquilidad, calma y sosiego. “Para todo hay un tiempo”… decía la lectura de esta semana.

Y el mío se está acabando, que aunque sean las 22:05 de este miércoles cansado, me pesan las piernas, la mente y el pensamiento. Se me había olvidado, si es que alguna vez lo llegué a conocer, lo agotadoramente fastiadiado que resulta madrugar. Tampoco es que pueda quejarme, pero a las 7:30 las mañanas son más frías que nunca. Eso duele. Sobre todo cuando tu cerebro te empuja pero tus pies juegan a esconderse entre las sábanas la sábana (me compré un nórdico factor infierno a la parrilla) Aún así parece que estemos hechos para aprovechar más el descanso las primeras horas de la mañana.

Afortunadamente tengo a mi vera a Jerbito, que juguetea a diario con su rueda o entra y sale de su casita. Es un poco pavo, la verdad, pero tampoco puedo exigirle nada: solo es un hamster; ruso, eso sí.

Buenas noches, como siempre, para todos todos ustedes.

P.D.: Toda esta entrada la he escrito escuchando en modo bucle la siguiente canción: Adele – Someone like you.

Cosas que nunca cambiarán

Con el tiempo me doy cuenta de que hay cosas que nunca cambiarán, que están perennes, como arragaidas. Sentimientos, tendencias, acciones,… Hay un marco vacío encima del sinfonié que llevo queriendo llenar de fotos desde que llegué. El buzón sigue sin nombre ni apellidos y mágicamente recibo todas las cartas a mi nombre. Hay un “cuadro” con un señor del siglo… XVII, pongamos, y por más que me mira aún no me he decidido a cambiarlo.

Luego hay otras cosas, que tampoco cambiarán.

Ayer, en Alicante, descubrí un sinfin de cosas nuevas y bonitas, que me gustaron y que me encantaron. Estoy deseando volver. Bonita ciudad (y fácil de llegar, por cierto) Estuvimos paseando por el puerto, a veces con ganas de quedarme en manga corta, otras simplemente lo estaba y otras el viento impedía que diéramos un paso más. Volví a encontrarme con Maribel, después de casi un año de abstinencia; igual, sino más, con su hermana Cristina, y Annais. ¡Esta tierra está llena de castillos! El de Alicante está tan alto que incita al despeño: entran ganas de saltar y salir volando.

Hoy no es un buen día del todo. Ha amanecido con mucho frío; por dentro y por fuera. Tal vez tenga algo que ver que anoche cobrara un poco más de consciencia de que las cosas muchas veces no son eternas. Que hay cosas que… sí cambian.

¿En qué piensas?

“¿En qué piensas cuando ves lo del cuarto de baño?”. ¿Cómo? ¿Que en qué pienso? Cada vez que entro a lavarme las manos, a lavarme los dientes, a mirarme simplemente en el espejo, pienso en muchísimas cosas. Detrás del recipiente para el jabón y para la pasta de dientes hay una historia que me bombardea la cabeza, que me saca una sonrisa, que me labra un pensamiento, de futuro, por supuesto.

Es verlo y pensar en todo lo que implica. No solo queda bonito, sino que me alegra la vida. No se trata de un regalo u obsequio. Se trata de una forma de pensar, de ver las cosas. Ahí es donde me ganas por goleada. Gracias a ti tengo más luz en esta “cueva”. Gracias a ti ahora hay más alegría. Gracias a ti ahora comprendo que eres una pieza indispensable en mi vida.

Lo sabía, pero ahora lo confirmo, que soy un completo inútil sin ti. Como diría una antigua canción de Jarabe de Palo: “soy un completo incompleto”, algo inacabado. Al 99%. Tú le das ese toque de detalle, de elegancia, de exquisitez, que hace desaparecer la rutina más endiablada para dar paso a un larguísimo abanico de posibilidades (cromáticas, porqué no) donde todo resulta más ameno y divertido.

Pienso también, al verlo, que tengo un futuro bonito, en el más literal sentido. Quiero dejarme asesorar y ver cómo elijes lo mejor. Pienso y me recreo en lo que nos depara, en la de tiendas que visitaremos, en la de cosas que probaremos… Todos esos días que están a la vuelta de la esquina. Tan a la vuelta que a veces incluso me da miedo de pensarlos. Hay días que los veo, no distantes, pero sí reales. Y hay otros, como anoche, como hoy, que los veo tan cerca, tan… “encima” que puede que tarde más de un segundo en tomar aliento. Pero no te preocupes. No es más que el profundo deseo por que lleguen, la emoción, lo que me suspirar. Un suspiro tan profundo como intenso. Tan deseoso por pasar esta etapa como confiado de que van a llegar.

No hay de qué preocuparse. Ni por las prisas ni por las esperas. Lo que tenga que ser será. PERO hay una cosa que está clara. Hay una cosa que es inmutable. Hay una cosa que tú y yo sabemos muy muy muy bien. Y es que… :-)

De todo.

Hace mucho que no entro en la nostalgia. Tengo el recuerdo de hace algunos años de querer, buscarlo más bien, regodearme en los pensamientos pasados, en las cosas que hice o dejé de hacer, en los buenos momentos y en lo no tan buenos. De hecho, cualquier lector que quiera puede indagar entradas anteriores y percatarse de la veracidad de mis palabras. Sin embargo, porque uno va creciendo, por las cargas de la vida, o simplemente por el sinfin de responsabilidades, hace mucho que no me regodeo con pensamientos nostálgicos.

Hoy ha entrado un pequeño rallito del pasado, de mi juventud, aquella que me fue arrebatada por las manecillas de un reloj. Al final he esbozado una leve sonrisa por percatarme de que sigo adelante, con sus pros y sus contras.

Historias aparte, el día de hoy me lo he pasado un poco malusquillo. A las 13:30 me llamaron para jugar a fútbol, cerca del río, y se ve que entre la brisa marina de la rivera y el viento que se ha levantado he cogido un poco de frío. El caso es que estaba comiendo cerca de las 17:00. Dos horas más tarde estaba muerto, con naúseas y ganas de vomitar. Tanto fue así que me acosté en la cama. He amanecido a las 22:30 más fresco que una lechuga. Deduzco que fue el cansancio.

Pues bien, mañana será domingo, y nuevamente me han llamado para jugar al fútbol (ya que no puedo salir a correr tengo que buscarme la vida como sea, que sino los kilos afloran con la vida sedentaria [que no tiene nada que ver con tener sed])

Este frío sábado voy a dedicarlo a relajarme. A ver películas. Y hablando de películas, ¿alguien ha visto la siguiente?

 

Mil perdones, pero me ha sido completamente imposible encontrarlo en español. Mi Melania diría que “el cine francés no es bueno”, y puede que estadísticamente tenga razón, pero el caso es que este trailer me despierta la curiosidad a grado sumo. El título (perdón, me estoy volviendo un olvidadizo) es “No se lo digas a nadie”.

¡Ay, mi Melania! La echo tanto de menos, que no pasa un día en el que trate de remediar esta tediosa situación, que a la larga, como todo, sé que es la mejor. Le decía ayer, y hoy, que tengo unas ganas de abrazarla increíbles, de esas que hasta te crujen los huesos. Más rozando la fuerza que el sentiemiento, pero supongo que así me demostraría que la tengo cerca. Ya queda menos. En el trabajo busco el calendario del Outlook (sí, uso Outlook) para ver cuándo será el próximo puente o festividad y ver cómo puedo maximizar el tiempo que paso con ella.

Por cierto, acabo de diseñarme una firma. Aquí va:

 

 

 

 

 

Acaban de dar las 23:38 y ningún cuco sale a cantorrear, así que iré a la cocina a ver qué me tiene preparado el mestre.

Buenas noches y buen finde semana. A todos.

P.D.: Otra noche que me toca cocinar a mí. Voy a terminar por despedirlo. Al tiempo.

Miércoles, 2 de noviembre del 2011

Casi como el que quiere pasar desapercibido, así va pasando este año 2011. Ahora mismo estoy aquí, viendo el fútbol y escribiendo algo. Llevaba días sin meterme y es que entre las responsabilidades (de todo tipo, que las hay de todo tipo) no he tenido ni mucho tiempo ni muchas ganas.

A las pruebas me remito: tengo que solapar los pocos momentos de ocio para poder llevar a cabo casi todo lo que quiero. El caso es que tengo un montón de material audiovisual por mostrar, pero cuando me decido a ponerlo… no es hora. Videos, fotos, etc…

Ayer volví de Córdoba. He pasado casi 4 días en Modo Lapa On con mi novia, y es que la dependencia está llegando a límites insospechados. No había terminado de aparcar cuando ya maquinaba la siguiente vez. Pasaba días en el calendario como cartas se pasan en una baraja de Póker, buscando el próximo puente, las próximas festividades. Afortunadamente (aunque ella no lo crea) tenemos diciembre a la vuelta de la esquina, y con él el puente, y con él de nuevo a activar el Modo Lapa On.

“Ya queda menos”, le repetía en un abrazo que desviaba cualquier palabra o pensamiento. Es la verdad: ya queda menos. Para vernos. Y para más.

Tenía el piso hecho un desastre, pero poquito a poco y paso a paso ha ido abandonando la forma de cueva para adoptar más la de un habitáculo común. Tengo ganas de trasnochar, por cierto.

Cierro, que ya mismo está de vuelta.

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