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Demasiado rápido

Este mundo gira demasiado rápido para mí. Se me pasa la vida en un pis-pás y ni disfruto de los detalles. Otras veces gira tan sumamente lento que se hace una eternidad la inagotable espera, de querer volver, por ejemplo. Se acumulan los cambios bruscos de velocidad, los giros, las frenadas y acelerones, como las de aquel novato que alardea de su carnet de conducir pero que muy lejos está de saberlo hacer. Se me pasan las tardes intentando querer hacer más de lo que quisiera; se me pasan los días sin haber cumplido y empiezo a echar cuenta y me doy “cuenta” de que esto no avanza, que se quedan estancadas las manecillas del reloj, ¡perras! más por no querer moverse que por otra cosa.

Miro el calendario y tacho cinco veces la misma “X”, la remarco bien, la perfilo y a veces hasta dibujo un corazón al lado. Miro hacia atrás al menos veo más de una, pero miro hacia adelante y aún no voy por la mitad. Tal vez sí. Tal vez sí haya avanzado mucho. Tal vez quede poco en realidad y todo sea fruto del cansancio, de la ansiedad… Eso es. Ansiedad. Esa es la palabra.

Había una canción homónima, de Lydia, que la define bastante bien. Pero no caigamos en el desánimo, que a estas alturas de la vida no quiero ser presa fácil para los malos sentimientos. Lo cierto y verdad es que en el fondo tengo suerte. Ayer escuche de alguien que “los tiempos de crisis sirven para asentar las cosas, para ponerlo todo en su sitio. Da la oportunidad a quienes no la tienen de resurgir”, y probablemente detrás de toda esta fachada empiece a nacer la primera sonrisa reveladora, como esa que me regalas en la distancia, esa dulce sonrisa que augura cosas muy buenas y bonitas. Empieza a nacer y eso no puede ser malo. Así que aunque a veces todo vaya demasiado rápido y otras demasiado lento, tranquilidad, calma y sosiego. “Para todo hay un tiempo”… decía la lectura de esta semana.

Y el mío se está acabando, que aunque sean las 22:05 de este miércoles cansado, me pesan las piernas, la mente y el pensamiento. Se me había olvidado, si es que alguna vez lo llegué a conocer, lo agotadoramente fastiadiado que resulta madrugar. Tampoco es que pueda quejarme, pero a las 7:30 las mañanas son más frías que nunca. Eso duele. Sobre todo cuando tu cerebro te empuja pero tus pies juegan a esconderse entre las sábanas la sábana (me compré un nórdico factor infierno a la parrilla) Aún así parece que estemos hechos para aprovechar más el descanso las primeras horas de la mañana.

Afortunadamente tengo a mi vera a Jerbito, que juguetea a diario con su rueda o entra y sale de su casita. Es un poco pavo, la verdad, pero tampoco puedo exigirle nada: solo es un hamster; ruso, eso sí.

Buenas noches, como siempre, para todos todos ustedes.

P.D.: Toda esta entrada la he escrito escuchando en modo bucle la siguiente canción: Adele – Someone like you.

Cosas que nunca cambiarán

Con el tiempo me doy cuenta de que hay cosas que nunca cambiarán, que están perennes, como arragaidas. Sentimientos, tendencias, acciones,… Hay un marco vacío encima del sinfonié que llevo queriendo llenar de fotos desde que llegué. El buzón sigue sin nombre ni apellidos y mágicamente recibo todas las cartas a mi nombre. Hay un “cuadro” con un señor del siglo… XVII, pongamos, y por más que me mira aún no me he decidido a cambiarlo.

Luego hay otras cosas, que tampoco cambiarán.

Ayer, en Alicante, descubrí un sinfin de cosas nuevas y bonitas, que me gustaron y que me encantaron. Estoy deseando volver. Bonita ciudad (y fácil de llegar, por cierto) Estuvimos paseando por el puerto, a veces con ganas de quedarme en manga corta, otras simplemente lo estaba y otras el viento impedía que diéramos un paso más. Volví a encontrarme con Maribel, después de casi un año de abstinencia; igual, sino más, con su hermana Cristina, y Annais. ¡Esta tierra está llena de castillos! El de Alicante está tan alto que incita al despeño: entran ganas de saltar y salir volando.

Hoy no es un buen día del todo. Ha amanecido con mucho frío; por dentro y por fuera. Tal vez tenga algo que ver que anoche cobrara un poco más de consciencia de que las cosas muchas veces no son eternas. Que hay cosas que… sí cambian.

¿En qué piensas?

“¿En qué piensas cuando ves lo del cuarto de baño?”. ¿Cómo? ¿Que en qué pienso? Cada vez que entro a lavarme las manos, a lavarme los dientes, a mirarme simplemente en el espejo, pienso en muchísimas cosas. Detrás del recipiente para el jabón y para la pasta de dientes hay una historia que me bombardea la cabeza, que me saca una sonrisa, que me labra un pensamiento, de futuro, por supuesto.

Es verlo y pensar en todo lo que implica. No solo queda bonito, sino que me alegra la vida. No se trata de un regalo u obsequio. Se trata de una forma de pensar, de ver las cosas. Ahí es donde me ganas por goleada. Gracias a ti tengo más luz en esta “cueva”. Gracias a ti ahora hay más alegría. Gracias a ti ahora comprendo que eres una pieza indispensable en mi vida.

Lo sabía, pero ahora lo confirmo, que soy un completo inútil sin ti. Como diría una antigua canción de Jarabe de Palo: “soy un completo incompleto”, algo inacabado. Al 99%. Tú le das ese toque de detalle, de elegancia, de exquisitez, que hace desaparecer la rutina más endiablada para dar paso a un larguísimo abanico de posibilidades (cromáticas, porqué no) donde todo resulta más ameno y divertido.

Pienso también, al verlo, que tengo un futuro bonito, en el más literal sentido. Quiero dejarme asesorar y ver cómo elijes lo mejor. Pienso y me recreo en lo que nos depara, en la de tiendas que visitaremos, en la de cosas que probaremos… Todos esos días que están a la vuelta de la esquina. Tan a la vuelta que a veces incluso me da miedo de pensarlos. Hay días que los veo, no distantes, pero sí reales. Y hay otros, como anoche, como hoy, que los veo tan cerca, tan… “encima” que puede que tarde más de un segundo en tomar aliento. Pero no te preocupes. No es más que el profundo deseo por que lleguen, la emoción, lo que me suspirar. Un suspiro tan profundo como intenso. Tan deseoso por pasar esta etapa como confiado de que van a llegar.

No hay de qué preocuparse. Ni por las prisas ni por las esperas. Lo que tenga que ser será. PERO hay una cosa que está clara. Hay una cosa que es inmutable. Hay una cosa que tú y yo sabemos muy muy muy bien. Y es que… :-)

De todo.

Hace mucho que no entro en la nostalgia. Tengo el recuerdo de hace algunos años de querer, buscarlo más bien, regodearme en los pensamientos pasados, en las cosas que hice o dejé de hacer, en los buenos momentos y en lo no tan buenos. De hecho, cualquier lector que quiera puede indagar entradas anteriores y percatarse de la veracidad de mis palabras. Sin embargo, porque uno va creciendo, por las cargas de la vida, o simplemente por el sinfin de responsabilidades, hace mucho que no me regodeo con pensamientos nostálgicos.

Hoy ha entrado un pequeño rallito del pasado, de mi juventud, aquella que me fue arrebatada por las manecillas de un reloj. Al final he esbozado una leve sonrisa por percatarme de que sigo adelante, con sus pros y sus contras.

Historias aparte, el día de hoy me lo he pasado un poco malusquillo. A las 13:30 me llamaron para jugar a fútbol, cerca del río, y se ve que entre la brisa marina de la rivera y el viento que se ha levantado he cogido un poco de frío. El caso es que estaba comiendo cerca de las 17:00. Dos horas más tarde estaba muerto, con naúseas y ganas de vomitar. Tanto fue así que me acosté en la cama. He amanecido a las 22:30 más fresco que una lechuga. Deduzco que fue el cansancio.

Pues bien, mañana será domingo, y nuevamente me han llamado para jugar al fútbol (ya que no puedo salir a correr tengo que buscarme la vida como sea, que sino los kilos afloran con la vida sedentaria [que no tiene nada que ver con tener sed])

Este frío sábado voy a dedicarlo a relajarme. A ver películas. Y hablando de películas, ¿alguien ha visto la siguiente?

 

Mil perdones, pero me ha sido completamente imposible encontrarlo en español. Mi Melania diría que “el cine francés no es bueno”, y puede que estadísticamente tenga razón, pero el caso es que este trailer me despierta la curiosidad a grado sumo. El título (perdón, me estoy volviendo un olvidadizo) es “No se lo digas a nadie”.

¡Ay, mi Melania! La echo tanto de menos, que no pasa un día en el que trate de remediar esta tediosa situación, que a la larga, como todo, sé que es la mejor. Le decía ayer, y hoy, que tengo unas ganas de abrazarla increíbles, de esas que hasta te crujen los huesos. Más rozando la fuerza que el sentiemiento, pero supongo que así me demostraría que la tengo cerca. Ya queda menos. En el trabajo busco el calendario del Outlook (sí, uso Outlook) para ver cuándo será el próximo puente o festividad y ver cómo puedo maximizar el tiempo que paso con ella.

Por cierto, acabo de diseñarme una firma. Aquí va:

 

 

 

 

 

Acaban de dar las 23:38 y ningún cuco sale a cantorrear, así que iré a la cocina a ver qué me tiene preparado el mestre.

Buenas noches y buen finde semana. A todos.

P.D.: Otra noche que me toca cocinar a mí. Voy a terminar por despedirlo. Al tiempo.

Miércoles, 2 de noviembre del 2011

Casi como el que quiere pasar desapercibido, así va pasando este año 2011. Ahora mismo estoy aquí, viendo el fútbol y escribiendo algo. Llevaba días sin meterme y es que entre las responsabilidades (de todo tipo, que las hay de todo tipo) no he tenido ni mucho tiempo ni muchas ganas.

A las pruebas me remito: tengo que solapar los pocos momentos de ocio para poder llevar a cabo casi todo lo que quiero. El caso es que tengo un montón de material audiovisual por mostrar, pero cuando me decido a ponerlo… no es hora. Videos, fotos, etc…

Ayer volví de Córdoba. He pasado casi 4 días en Modo Lapa On con mi novia, y es que la dependencia está llegando a límites insospechados. No había terminado de aparcar cuando ya maquinaba la siguiente vez. Pasaba días en el calendario como cartas se pasan en una baraja de Póker, buscando el próximo puente, las próximas festividades. Afortunadamente (aunque ella no lo crea) tenemos diciembre a la vuelta de la esquina, y con él el puente, y con él de nuevo a activar el Modo Lapa On.

“Ya queda menos”, le repetía en un abrazo que desviaba cualquier palabra o pensamiento. Es la verdad: ya queda menos. Para vernos. Y para más.

Tenía el piso hecho un desastre, pero poquito a poco y paso a paso ha ido abandonando la forma de cueva para adoptar más la de un habitáculo común. Tengo ganas de trasnochar, por cierto.

Cierro, que ya mismo está de vuelta.

Elda, 23 de octubre del 2011

¡Ya queda menos! ¿Para qué? – se preguntarán muchos. Para el puente. Para el próximo finde semana. Para volver. Esto incluye estar con mi novia, la que tanto extraño. Aún no hemos empezado la semana y ya pienso en qué llevarme y qué no.

Mañana tenemos que comprar unos tablets en la empresa para hacer unas pruebas. Por la tarde tengo que hacer la compra y planchar algunas camisetas (que alguien llame a los bomberos de Elda)

Bueno, hoy no tengo muchas ganas de escribir (estoy muy cansado) y mañana a las 8:30 tengo que estar ya picando teclas. Ojalá venga mi niña tempranito, que le dé las buenas noches y yo me pueda ir a descansar.

Vuelvo a decirlo: ya queda menos.

Elda, 21 de octubre del 2011

Mi estancia aquí se está haciendo más larga de lo acostumbrado, no porque lleve mucho tiempo, sino porque echo de menos demasiadas cosas. Hoy es viernes. Las 23:42 y aún sin duchar.

Ayer estuve en el salón y muchos más hermanos estuvieron “pendientes” de mí, saludándome e incluso invitándome para ir mañana a comer. Todavía me cuesta un poco acostumbrarme a este ritmo de vida. Pero bueno, poco a poco.

El otro día, camino del trabajo, grabé unos pequeños videos para que veáis por “dónde camino”.

Y aquí otro con una curiosa historia:

El hombre que véis a la izquierda de la imagen es un “abuelo” que se sienta absolutamente todos los días en un bar, se pide un café con leche, y se pone a colorear con rotuladores dibujos de Disney, que creo que después vende. O al menos lo intenta.

Siempre se está fumando un puro gordo y no levanta la cabeza. De vuelta, cuando ya ha echado el día, sigue sentado, esta vez con el café sin café y aún masticando el puro. El rotulador ya está guardado y sobre la mesa pone de pie dos o tres dibujos a tamaño folio muy bien coloreados.

Esta no es la única historia. Todos los días de vuelta a mi casa me cruzo con dos personajes muy suyos. El segundo más que el primero. Éste es un rastafari de los arraigados con unas rastas que bien podrían estar ardiendo tres días. Muy muy largas. Siempre lo adelanto en el mismo punto de la ciudad. El segundo (niños, váyanse a la cama) es una persona mayor, de unos 55 años estipulo, que va vestido de la siguiente forma:

- Diadema con diamantes en la cabeza.

- Pañuelo rosa fucsia en el cuello.

- Camiseta de tirantes blanca con lentejuelas rosas excesivamente ajustada.

- Calzoncillos slips de color rosa.

- Calentadores blancos casi por las rodillas.

- Zapatillas de deporte

- …y una radio con música incatalogable que lo mantiene bailando (supongo que para contrarrestar el frío)

Por si ha quedado alguna duda, estamos hablando de una persona (hombre) de unos 55 años. Baila y canta a la gente que se cruza por su acera, y siempre pegando voces. Reconozco que me he sentido tentado más de una vez a fotografiarle o grabarle en video, pero temo captar su atención y que se fije en mí. No sería la primera vez (en esta ciudad) que ligo con un maric homosexual (que esa es otra historia, más grave si cabe. Pero para otro día)

El caso es que en mi piso, cada diez minutos, suena un “tic” que no consigo identificar. Y por el patio (creo) suena el agua de un grifo abierto, o de una tubería en pleno funcionamiento. A primera instancia pudiera resultar desconcertante; pero con el tiempo descubres que relaja. Y que duermes mejor.

Termino el día (que todavía me tengo que duchar) hablando un poco sobre Inception. Sí, señores. He vuelto a ver Origen, y cada vez que la veo me sorprende/gusta más. Ahí queda eso. La próxima entrada será otro video de Jerbito. Ha estado entrenando.

Mi soledad, Jerbo y yo os damos las buenas noches.

Elda, 18 de octubre del 2011

¿18 ya? Madre mía. Se me pasan los días como si fueran minutos. Hoy ha sido un día asquerosamente tedioso. Para olvidar. Pero bueno, ahora por la noche me centraré en otras cosas. Como contar los días que quedan hasta ver a mi niña.

Os dejo un video de Jerbito, intentando subir las escaleras. Ahora entiendo el porqué no puede subirlas ni bajarlas: simplemente porque se empeña en hacerlo de la única forma físicamente imposible, al estilo Misión Imposible:

Ayer estuve jugando al fútbol y he vuelto semilesionado. Tengo patadas y moratones en todos lados. Diría que he perdido el fondo físico, pero creo que nunca lo tuve.

La comida de hoy ha sido un experimento total: bajo las indicaciones de Melania “conseguí” (entre diezmil comillas) asar, freir o como se llame, un pescado del Mercadona. Logré sobrevivir gastronómicamente hablando.

Para mañana tendré que mirar el cuadrante (sí señores, tengo cuadrante culinario) a ver qué me depara el futuro.

Cierro por hoy, que necesito descansar.

Elda, 16 de octubre del 2011

Mi hamster ruso es un pavo. Un grandísimo animal de compañía al cual elegí por vivo y ahora ni se inmuta. No sabe subir ni bajar unas escaleritas de alambre muy sutilmente diseñadas para “hamsters”. Recapitulemos: en la planta de abajo tiene su rueda (donde “debería” hacer ejercicio para que no le salga colesterol), su comedero y su biberón. Y en la planta de arriba tiene una especie de piedra enriquecida en calcio para limar y afilar sus dientes y uñas. ¡Ah! Y una monísima casa donde cobijarse.

Pues bien, todas las mañanas me lo encuentro tiritando de frío escondido debajo de la rueda. Cuando lo veo, lo cojo y lo subo “manualmente” a su casa, lo meto allí y entonces se relaja y se acomoda. Pero si se me olvida bajarlo, se pasa las horas muertas olisqueando y mendigando algo de comida, siendo incapaz de bajar por su propio pie.

Lo de hoy ha sido abominable. Tenía tanta hambre que se ha “tirado”. Ya lo iré enseñando poco a poco. Santa paciencia.

Elda, 15 de octubre del 2011

Jerbo

Creo que así se llamará; “Jerbo”. El nombre no es muy bonito. De hecho es feo. De narices. Me recuerda a mi novia, no por fea, por supuesto, sino porque quería que me comprara un jerbo. Un jerbo es una especie de ratón (con larga cola) Lo vimos por primera vez en el Carrefour de Petrer (el jerbo, no el animal de la foto) Entre varios más de su especia había uno muy gracioso. Dedujimos que estaba ciego, o que tendría problemas de visión, ya que su comportamiento era cuanto menos particular. Saltaba y saltaba contra el cristal irremediablemente. Aquello nos hizo mucha gracia.

No tenía intenciones de adquirir ninguno, pero dadas mis circunstancias, y la insistencia de Melania, decidí ir a por uno, hoy mismo. ¿Cuál comprar? Los jerbos, aunque graciosos, eran excesivamente feos, y más que animarme creo que me deprimirían. De pronto, volvió a mi cabeza los recuerdos de “Fivel”, un hamster ruso que tuve hace ya varios años. ¿Porqué no repetir?

Así fue que me fui a la vitrina de los hamsters rusos y me fijé en uno que me se movía insistentemente: “ese quiero”. Pues nada, me lo metieron en una jaula, su nueva casa, y aquí lo tengo al lado mía.

Sinceramente: es un poco pavo. Lo cogí por nervioso y lo tengo todo el día durmiendo y comiendo. Eso cuando sale de su casita, porque se pasa las horas muertas ahí. Mañana le enseñaré a subir y bajar por las escaleras. Pero antes que eso tendré que enseñarle a andar por los hierros de la jaula, porque al pobre le da miedo andar sobre esa superficia. No solo eso. También pierde el equilibrio y mete medio cuerpo entre los alambres. Pavo. Un poco pavo. Pero bueno, poco a poco.

Mañana será otro día. Le temo a la semana que viene. Creo que esa será la semana de descubrir cosas. Y hay cosas a las que les tengo miedo.

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